La canción 'Drunk, Running' de Lizzy McAlpine profundiza en la agitación emocional de amar a alguien que está luchando contra la adicción. La letra pinta un cuadro de traición y decepción, mientras el narrador se enfrenta a la realidad de que su pareja ha recaído. Las primeras líneas cuestionan la sinceridad de la afirmación de sobriedad de la pareja, revelando el dolor causado al encontrarla en una situación comprometedora. Las imágenes de un 'vodka Red Bull' no sólo significan la sustancia sino también la energía y la imprudencia asociadas con el comportamiento de la pareja.
El coro refleja la frustración del narrador por la falta de intervención de los demás y quizás de ellos mismos. La frase 'rompete la pierna borracho, corriendo' sirve como metáfora de las acciones autodestructivas de la pareja y las consecuencias que siguen. El narrador expresa un deseo de responsabilidad, deseando que alguien haga que el socio cumpla sus promesas. La repetición de 'alguien debería hacerlo' subraya la impotencia que se siente frente a la adicción, donde el amor y el apoyo a menudo parecen inadecuados.
El segundo verso introduce dudas y culpa, mientras el narrador se pregunta si sus propias acciones contribuyeron a la recaída de su pareja. La complejidad de la relación se destaca por el reconocimiento de la deshonestidad ocasional del narrador y la dificultad de reconciliar la versión idealizada de la pareja con su realidad defectuosa. La canción termina con una conmovedora repetición del deseo de responsabilidad, esta vez dirigida al narrador, sugiriendo un reconocimiento de su propio papel en la dinámica disfuncional y la dolorosa comprensión de que quedarse puede no ser la elección correcta.