La buena fortuna no significa nada

Para que la rosa nunca muera.
Un dolor que mis ojos nunca desearían contemplar, de cuarenta inviernos pasados.
Amor que no es amor.
Tu honestidad, nada más que el rechazo a un amor arruinado.
Sólo otra canción de amor sin más motivo.
El resplandor del atardecer de tu ojo desnudo quema un agujero en mi corazón como un beso, más frío que el infierno.
Otro despreciado, otro quemado.
Eres todo igual para mí, ¿por qué no muestras tu cara de gran apostador?
Todo lo que dijiste fue mentira.
Ahora todos ustedes mueren.
Ahora estoy tramando dónde esconder tus huesos, esperando que venga la marea y se los lleve.
Llevarte lejos.
Un toque más de tus dedos, para saber que sigo vivo.
Mientras mis lágrimas se vuelven rojas y sangro tus cenizas.
¿Por qué el cielo vacío debe derrumbarse?